Mi Viaje Cervecero – Parte 1 Bruselas
Bruselas – Parte I Bélgica para el cervecero tiene la significación de La Meca para un Musulmán: hay que ir por lo menos una vez en la vida. Es un país tan asombroso desde el punto de vista cervecero, que no alcanzaría una vida para conocerlo completamente. Si alguna vez tienen la oportunidad de peregrinar […]
Bruselas – Parte I
Bélgica para el cervecero tiene la significación de La Meca para un Musulmán: hay que ir por lo menos una vez en la vida. Es un país tan asombroso desde el punto de vista cervecero, que no alcanzaría una vida para conocerlo completamente. Si alguna vez tienen la oportunidad de peregrinar hacia La Meca Cervecera, van aquí algunas notas de mi viaje para que no pierdan ni un minuto y tengan todo bien a mano.
Lo primero que me llamó la atención en la cuidad fue una remera que, mostrando la evolución del mono al hombre con un vaso en la mano, rezaba “Desde que tenemos manos, hacemos cerveza”. Toda una definición de la profundidad de la cultura cervecera de esta gente. Hablando con los locales, nos contaban que hacer cerveza era una de las atribuciones valoradas en las mujeres antes del matrimonio, tanto como cocinar o coser. A diferencia de otros países europeos, las mujeres belgas toman cerveza a la par de los hombres: lo que se llama una verdadera compañera, no?
Nos alojamos los primeros días (digo “nos” porque viajé con “el oso hormiguero”, mi primo cervecero) en el centro mismo de Bruselas, algo que valoramos luego cuando cambiamos de Hostel. Nos permitía movernos caminando ya que el centro de Bruselas es relativamente chico. El Hostel se llama “Bruegel” de la cadena Hi Hostel y si uno tiene un presupuesto acotado y no demasiadas pretensiones, es una excelente opción ya que podés tener una habitación doble (aunque con baño compartido) por menos de 20 euros por persona. Lo mas importante: Tiene un bar en el sótano! 3 canillas y varias enbotelladas. Las primeras víctimas de nuestra estadía fueron una Hoegaarden tirada y una Hopus refermentada en botella, muy rica cerveza de la misma fábrica que Duvel.
Es interesante porque encontré varias cervezas lupuladas, un rasgo que no tenemos muy identificado con la cerveza belga. Lo primero que llama la atención y es una constante absolutamente en todos lados es el tema de los vasos: no tomé una sola cerveza que no me hayan servido en su vaso correspondiente. Veníamos muertos del viaje así que nos acostamos temprano para aprovechar al máximo nuestro primer día de gira cervecera…
La ciudad es muy hermosa, llena de “Cafés” que en realidad son pubs. Su arquitectura y sus callecitas invitan a caminar y pararse a disfrutar una cerveza en cada esquina.
Bueno, yo estaba a esta altura como un niño suelto en una juguetería. Quería todo!!! Antes de ir para el centro propiamente dicho, nos fuimos a un barrio llamado Marrols, que tiene un mercado de segunda mano que funciona en la calle, en una plaza, donde se pueden conseguir desde carteles de cervezas hasta vasos, ropa, o lo que se les ocurra. Como todas las “plazas”, son en realidad adoquinadas, con una iglesia enfrente y muuuuchos bares alrededor. Siendo las 9:30 de la mañana y previo desayuno, ya estábamos en condiciones de arrancar con las cervezas. No éramos los únicos! Todo el mundo (todos!) estaban sentados con su vaso de cerveza, disfrutando el sol de la mañana.
Framboise y Kriek de Lindeman´s tiradas. Excelentes para el arranque! Después caminamos por el casco histórico, pero no voy a hacer ningún comentario porque sé que acá a poca gente le interesa la arquitectura J
Lo importante es que nos topamos con uno de los tantos “beer shop” de Bruselas: The Beer Planet. Si bien se puede comprar cerveza prácticamente en cualquier lado, si uno sabe lo que busca puede encontrar en estos negocios algunas gemas preciosas como por ejemplo una Carolus Vintage año 2000 o la casi inconseguible Wesvleteren 12, elegida la mejor cerveza del mundo y que solo se consigue en la abadía trapense cerca de Francia, limitada a algunas botellas por auto reservando con el número de patente y con bastante anticipación. Para comprar cervezas mas “comunes”, aunque parezca mentira, en los almacenes o los supermercados se consiguen muy fácil y a muy buen precio las Westmall, Orval, Chimay, Leffe, Duvel y una amplia gama de cervezas muy interesantes. Para las figuritas difíciles, hay que buscar un poco más…
Así que volcados al shopping cervecero, hicimos algunas buenas compras. Acá un video del lugar…
Para mitigar la sed de tanto caminar y cargar peso, nos sentamos en una pequeña micro cervecería en una de las diagonales de la Plaza Central que me recordaba a Buller por el equipo, donde aparte de sus cervezas tomamos la Rodenbach y la Kwak, famosa por el “vaso del cochero” que es un implemento para que no se les vuelque la cerveza a los cochero que manejaban diligencias a caballo. Todas las veces que pedimos esta cerveza exquisita de 8,4% de alcohol, vino siempre en su vaso, no importa donde la compráramos, es así: el vaso forma parte de la cerveza. Amo este país!
Cerca del mediodía, nos sentamos en un bar llamado Poechenellekelder, en la esquina donde se ubica el Manekeen Pis, el angelito-fuente que hace pis y es símbolo de la ciudad de Bruselas. Nos pedimos una tabla de quesos artesanales Brie, Herve, Chimay g´classique y Pére Joseph acompañados por una Champagnoise, la Deus Brut des Flandres, que acusa 11,5% de alcohol. Pueden ver un video acá. En una de las fotos se ve la oferta de cervezas que tiene el bar.
A las 2 de la tarde nos esperaban en Cantillón para una visita guiada y una degustación, donde finalmente conocí a Jean, el dueño actual de la Cervecería-Museo. Toda la experiencia de la Cervecería Cantillón la pondré aparte, en otro capítulo.
Saliendo de Cantillón y acompañados de César y su esposa, un argentino y una belga que ofrecen tours en bicicleta por Bruselas , nos fuimos a Moeder Lambic, uno de los bares mas representativos de lo que uno puede encontrarse en Bruselas: 46 cervezas tiradas y mas de 150 embotelladas en la carta. Empezamos con Schneider Dunkel Weiss y IV Season, una cerveza de estación con 4 variedades de lúpulo (otra bien lupulada!), a lo que siguió una Noir de Dottignies de potentes 9% de alcohol, oscura y con sabor típico de las cervezas de abadía. Luego Zinnebier de 5,5% y Brasserie de la Senne pasada por roble, la única cervecería junto a Cantillón que aún funcionan como tal dentro del distrito de Bruselas. Me permitieron fotografiar la cámara en el sótano, desde donde conectan las 46 canillas a las choperas.
Ya cayendo la tarde, buscamos una de las perlitas que tiene la ciudad: un bar de 1695 llamado “Au Bon Diex Temps”, A los Buenos Viejos Tiempos, bar fundado en el año 1695. En este lugar no se encuentran turistas, va mucha gente que vive en Bruselas porque está mas bien escondido, en la entrada de un pasillo puede verse un arco y una escultura, nada mas. En la foto tienen la dirección, es a dos cuadras de la plaza central. Llegando al fondo uno se sumerge en el túnel del tiempo. A pocos metros, previendo que en otros tiempos seguramente habrán sido competencia, encontramos A´limage Notre-Dame, otro bar que funciona desde 1675 en este caso. Allí tomamos Saint Feullien Saison, otra bastante lupulada y Grisette Fruit des Bois, una exquisita framboise. Las dos tiradas de barril. Siguieron Geuze Boon Faro, muy dulce y Malehur Blonde de 8,5%, que me recordó a la Leffe. Terminamos con la Petrus, otro Strong Belgian Ale antes de volver al hostel ya entrada la noche.
Y llegados al Hostel no podíamos dejar de pasar por el bar: nos despedimos de nuestro primer día cervecero con Jupiter Pils y una Honey de Barbar, de mas de 8% de alcohol que se notaban bastante.
Temprano al día siguiente viajamos hasta Brujas, pero eso será parte de otro capítulo. Hasta aquí la primera parte de Bruselas.
Semilla